Una mirada al arte pictórico de María Rivas
Definitivamente, si hay una
artista completa y brillante en lo que hace, esa es María Rivas. No solo se destaca por ser una de las voces
latinoamericanas del jazz con mayor renombre a escala internacional, sino por
su brillante concepto de las artes plásticas. Recientemente, durante la
presentación oficial de su álbum “Motivos” en los espacios de “The Way” (Miami, Florida) –junto al
maestro del piano Alejandro Campos– el
público pudo disfrutar de una exposición pictórica de la venezolana.
A decir verdad, esta versátil
artista pintó desde que tiene memoria. “De
hecho, mi mamá siempre contó que a los tres años llegué del kínder con un
retrato de mi abuelo en el comedor de la casa, con detalles como la lámpara de
lágrimas de cristal sobre la mesa, hecho a lápiz y creyón de cera”, cuenta
María Rivas.
Desde entonces, sus padres se
preocuparon porque tuviera un mundo abierto a la pintura. En principio fue
instruida por su propio papá, quien tenía destrezas en dibujar letras, figura humana,
animales y rostros. Luego la inscribieron en la Escuela de Pintura de Pascual Navarro en la mezzanina de la famosa
torre La Prensa, en la plaza Panteón
de Caracas. Allí aprendió a dominar trazo, forma, color en paste, pintura de
agua y óleo, logrando su primera participación colectiva a los 8 años.
Aunque la recordada intérprete de
“El
Manduco” estudió diseño y publicidad para luego decantarse por la
música, jamás dejó de soñar y lograr un trazo personal inspirado en sus tres
pintores favoritos: Henri Matisse, Marc Chagall y Pablo Picasso, “junto al
ensueño venezolano que me provocaba César Rengifo, Virgilio Trómpiz y Pedro Centeno
Vallenilla; envidiando en buen sentido a Martín Tovar y Tovar, Arturo Michelena
y la poderosa luz meridiana y centella de Armando Reverón”. Por supuesto,
siempre indaga y procura encontrar esa “luz,
trazo y color” que tanto le decía Pascual
Navarro.
Tanto así que un día, su querido
amigo Boris Bossio se atrevió a
pedirle varias pinturas y dibujos para proponerla –y, seguidamente, lograr que
fuera elegida– como artista del famoso gramófono de los Latin Grammys, en 2013, una oportunidad que revalorizó su trabajo
artístico y le permitió proyectar aún más su estilo, llamado por ella misma
como curvismo, una suerte discriminada de grafismos, al igual que en la
caligrafía, que logra formar dimensiones y expresiones corporales, faciales y
paisajísticas con pocos trazos en tinta china y mucho color vivo, inspirado en
el Caribe, donde creció la artista.
Actualmente, en los espacios de “The
Way” sigue presente una colección de la gran María Rivas, quien ha logrado establecer un estilo propio en todas
sus manifestaciones artísticas: musical y pictórica. La exposición y venta se muestra
a propósito de la reciente presentación oficial del álbum “Motivos” en este local
floridano. El disco, disponible en las principales plataformas digitales, es un
homenaje a grandes exponentes, como Aldemaro
Romero, Ítalo Pizzolante y Juan Vicente Torrealba, e incluye
traducciones al español de varios clásicos del jazz, como el famoso “Nature
Boy”, sencillo promocional de este proyecto musical.
Comentarios